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Con cualquier actividad se puede crear un negocio y dicho negocio debe estar rodeado de admiradores y seguidores pero también de detractores y competidores.

Si tenemos algo que queremos que destaque por encima de lo que tienen los demás, debemos mantenerlo en un puesto prioritario a base de hacerlo bueno, muy bueno.

En el mundo del baile hay muchas opciones:
– Sesiones de ocio
– Talleres
– Clases de aprendizaje
– Eventos de exhibición
– Competiciones
– Congresos
– Profesionales del sector (profesores, Dj, diseñadores, creativos, informáticos…)

En estos tiempos de crisis que corren y, viendo como van las cosas, la competencia positiva tan solo trata de hacer ruido e intentar coaccionar al personal diciéndole que lo de uno es lo mejor y la gente se lo cree sin tan siquiera plantearse si tiene valor o le aporta algo. Pero la competencia es otra cosa.

La competencia es lo que debe hacer mejorar un producto o servicio, es lo que ha de mantener alerta al creativo y despierto al publicista. La competencia es lo que ha de demostrar que en la carrera del éxito, el que trabaja su producto, es quien se lleva los mejores resultados.

Últimamente voy leyendo aquí y allá comentarios de verdaderos profesionales que llevan años en este negocio, que nadie como ellos ha trabajado, aprendido, luchado y mejorado quejándose o más bien, lamentándose tristemente de como la gente sigue al guaperas de turno que no sabe dar ni dos pasos, que no distingue un son de una rumba, que no tiene ni pajolera idea de lo que es una animación, que le importa una mierda la calidad de un buen trabajo y se pone a dar clases o a organizar congresos a costa de otros que se han dejado la piel por ofrecer un buen producto (vergonzosa la falta de imaginación, los plagios, los robos de derechos…).

Y nos encontramos que cualquier alumno con cuatro tristes clases a su espalda pretende equipararse al profesor que lleva años enseñando tras otros tantos años aprendiendo o cualquier chistoso se sube al carro y empieza a organizar fines de semana de talleres sin importarles si los participantes vuelven con una intoxicación o una neumonía (y doy fe de ello porque lo he vivido). Y eso hace que, los que llevan años trabajando y pagando sus impuestos se sientan como imbéciles viendo que llegan cuatro  vivales que les quitan ya no solo el trabajo, si no la reputación que tanto les ha costado ganar.

La competencia hasta ahora servia para que la gente se diera cuenta de que nadie vende duros a cuatro pesetas, para saber elegir, para valorar el trabajo bien hecho, pero esta competencia de hoy en día, lo único que hace es llenarse los bolsillos despreciando al verdadero profesional. Y sí, son tan efímeros como la canción del verano. Lo molesto de esto es que cada año hay un verano y esto va a obligar a los verdaderos PROFESIONALES a poner cada cosa en su lugar con la ley en la mano.

Para Olga, Sandra y Francisco.

Competencia

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En La Habana en la década del 20 se escuchó por primera vez el SON llegado de la provincias orientales por los Trovadores que, en busca de mejores condiciones de vida y solo con su guitarra en la mano y su voz, entonando e improvisando, hacían bailar la gente al ritmo del “Tumbáo” del SON Montuno en las fiestas y calles de La Habana.

Ignacio Piñero, María Teresa Vera, Miguel Matamoros son unos de los primeros exponentes de este ritmo. Tocando las guitarras (tomados por la influencia de las sonoridades de la música española durante la colonización), utilizando las Maracas y Gûiros (instrumentos utilizados por los aborígenes Tainos en Cuba), la típica Clave Cubana y una forma de cantar los versos que utilizaba la improvisación y la controversia, empezaron a gustar dentro del aristocrático ambiente bailable de la capital cubana.

Así en los principales centros bailables o clubes privados de recreación, como el Casino Deportivo o el Casino de la Playa, no solo se bailaba el Waltz, la Danza, la Contradanza, el Danzón, sino también este nuevo ritmo llamado SON.

Con el paso del tiempo y con la popularidad de esta sonoridad empiezan a surgir cambios en las agrupaciones musicales: no solo Tríos, Sextetos o Septetos, se comienza a introducir otros instrumentos y por consecuencia, mejorando la sonoridad de las agrupaciones surgen así Orquestas, Charangas, como por ejemplo la Sonora Matanzera (año 1929), con guitarras, Gûiros y Claves e introduciendo Congas, Timbales, Bongo, Piano y la Trompeta (1927 por Félix Chapotin).

La difícil situación económica en Cuba hace que los músicos cubanos tengan que ir a buscar mercados mejores pagados así como a las grandes empresas discográficas que en la época estaba en México y en Nueva York. Es así como la música cubana comienza a ser interpretada por músicos de diferentes países de Latino América aportando cada cual sus estilos y formas de interpretar la música.

A finales de la década del 60, cuando el Rock’n Roll era escuchado y bailado por todo el mundo, los Latinos residentes en los Estados Unidos hacen una nueva interpretación del SON cubano incorporándole del Merengue, del Bossanova, de la Cumbia, del Cha Cha Cha, del Mambo, y del Boogie-Woogie llamándole a este ritmo “BOOGALOO”. Y en un concierto en el Madison Square Garden ofrecido por la Fania All Stars, al ver que el público de todas partes de América bailaba desorbitadamente, Tito Puente utilizando una frase del viejo SON cubano “Échale Salsita!” dijo:

«¡Esto es una gran SALSA!».

Y a partir de este momento todos conocemos esta música con el nombre de “SALSA” (este corto nombre gustó más y era mucho más comercial para las grandes empresas de discos de Norte América).

http://www.conexioncubana.net

Como se inició la salsa.